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martes, 30 de diciembre de 2025

Tú, Silencio.

Amo en el territorio invisible donde el deseo arde sin nombre, y te amo incluso ahora que tu voz se vuelve bruma y tus palabras son aves que no regresan; el “te amo” ya no desciende de tus labios y comprendo, con una lucidez que duele, que si yo no te nombro el silencio se alza como única respuesta. Te observo alejarte mientras señalas mis acciones como causa, como si el amor pudiera medirse en faltas, y aun así permanezco fiel a esta llama que no pide absolución ni consuelo, porque existen afectos que no suplican reciprocidad: arden porque han sido encendidos. Y así entiendo, en este instante eterno, que hay amores que no mueren por la herida ni por el reproche, sino que continúan vivos en quien ama, como un ángel que vigila la sombra, consciente de que el otro se va sin ruido mientras el sentimiento, intacto y terrible, sigue respirando, aquí sigo, esperando tu voz. 

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