¿Imaginas que un alma puede desmentir su propia llama?
Lo que fuimos no es recuerdo: es aliento. Aunque te retires paso a paso, como el sol al caer,
sigues morando en mí:
en mi sangre que sueña,
en mis ojos que aún ven con tu luz, en cada forma que adopta mi ser. Porque lo que ha sido tocado por la vida no conoce el olvido, solo la transformación.
Hablo en pasado porque tú lo decretaste, no porque la verdad haya muerto. Fuiste tú quien cerró el libro mientras las palabras aún ardían. Dijiste “ya no” y el universo no respondió.
Yo seguí aquí, no como promesa, sino como herida que piensa, como fe que sangra pero no huye. Te alejaste llamándolo libertad, y aun así dejaste tu nombre
escrito en mi respiración.
Porque hay amores que no obedecen decisiones, que no entienden despedidas, que permanecen no por voluntad, sino por destino.
