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martes, 3 de febrero de 2026

Sigo aquí

¿Crees que deseo borrarte de mi eternidad?
¿Imaginas que un alma puede desmentir su propia llama?
Lo que fuimos no es recuerdo: es aliento. Aunque te retires paso a paso, como el sol al caer,
sigues morando en mí:
en mi sangre que sueña,
en mis ojos que aún ven con tu luz, en cada forma que adopta mi ser. Porque lo que ha sido tocado por la vida no conoce el olvido, solo la transformación.
Hablo en pasado porque tú lo decretaste, no porque la verdad haya muerto. Fuiste tú quien cerró el libro mientras las palabras aún ardían. Dijiste “ya no” y el universo no respondió.
Yo seguí aquí, no como promesa, sino como herida que piensa, como fe que sangra pero no huye. Te alejaste llamándolo libertad, y aun así dejaste tu nombre
escrito en mi respiración.
Porque hay amores que no obedecen decisiones, que no entienden despedidas, que permanecen no por voluntad, sino por destino.

lunes, 2 de febrero de 2026

Colapso

Cada vez que tu voz preguntaba por mi amor, un ángel herido cruzaba mi pecho,
pues en tu duda ardia un fuego
que también consumia tu propio corazón.
Un día te dije: ven, dime qué sombra te visita en la noche,
qué pensamiento nubla tu mirada, dices que hablas y mi espíritu viaja lejos, que me besas y mis labios parecen de invierno, como si dos almas errantes se miraran desde mundos distintos, pero cuando creias que no te escuchaba, es porque estaba imaginando lo que estaba por venir: te imagine vestida de eternidad,
de pie conmigo ante el tiempo, mi corazón enamorado y estúpido quizá, en un acto de júbilo sagrado jurando amor más allá de la muerte, y siempre supe que no existia otro corazón en la creación
capaz de contener el amor que te entregué; ni mil pechos ardientes podrían igualar este fuego, si piensas que nuestro lazo se desvaneció por ti está bien pero siempre me preguntó entonces qué hago
si cada pensamiento mío pronuncia tu nombre, si cada latido se encaminaba hacia ti.
Ahora quizá ya tienes ese otro corazón que puede ofrecerte más de las tristezas que te di;
he vaciado mi ser como un cáliz, quizás solo palabras como siempre me lo decías, y todo lo que fui en tu vida fue tuyo. Siento que la duda persiste como una herida abierta, ¿cómo sanar, Cuando sientes que ya nos entregamos hasta la última luz?
No, amada mía,
ni teniendo un nuevo corazón.....

sábado, 31 de enero de 2026

Tu me dices adiós, yo, te amo

Siempre eres tu amor, a la aurora primera,
antes de que el mundo aprendiera a medir el tiempo, ahi entenderás mis palabras.
Cuando dijiste “para siempre”,
yo no lo vestí de comillas ni de duda: lo dije como se dicen las verdades eternas, con la voz desnuda del espíritu.
Jamás dejaré de amarte,
pues lo eterno no sabe partir.
No estás solo en mi pecho,
habitas más hondo: en la región secreta donde el alma recuerda su origen. Eres llama y aliento, pensamiento que no duerme, nombre grabado en mi ser.
Estás aquí en la mañana que despierta, en la tarde que suspira, en la noche que reza en silencio, en cada sueño me nombras, y en cada vigilia te reconozco. Eres tú, mi vida,
mi todo dicho sin palabras,
mi eternidad hecha presencia.
No hay rincón de mí donde no estés,
porque amarte
es la forma más pura que conozco de existir.

viernes, 30 de enero de 2026

1 mes más o un mes menos ?

Percibo el tiempo como algo físico, palpable, pero el ojo jamás ha percibido como se ve al observar, mi corazón quema, en su latido secreto, como una llama escondida en el centro del pecho, siempre ama sin ruido, sin promesa, sin señal visible, aunque piense el mundo que el que lo porta no lo sienta y aquella mujer amada no perciba sus susurros.
Se dice que el amor, como las estrellas lejanas, brilla obedeciendo a una ley divina,
no para ser visto, sino porque ha sido creado para arder, leí aquella sentencia que hablaba de huir, de pulir el yo como si fuera un ídolo nuevo,
de soltar lo que arde todavía.
Y entendi entonces ese despiertar de los reproches,
los reclamos que no dijeron su nombre en voz alta. No es que el amor haya muerto, ni que el dolor haya sido vencido; es que el alma, herida de tanta luz,
tiembla al verse reflejada en palabras que no fueron escritas
pero la atraviesan como profecía.
Cada noche convoco tu forma en mi mente: tu cuerpo y palabras de amor hechas de recuerdo, tu voz como una oracion lejana, tu aliento tibio aún entre mis visiones.
Y ayer, cuando tu silueta se alzó entre las sombras, vi en ella el cansancio de permanecer en un sitio que no era refugio sino vigilia. No pude llamar tu nombre. Mis pies siguieron su marcha obediente, mientras tu voz, como un eco condenado a la distancia, me alcanzaba sin tocarme, entonces las lágrimas, como viles mensajeras mudas, trazaron su camino por mi rostro, y entendí que hay amores que no abrazan, sino que caminan a nuestro lado como ángeles invisibles, como enfermeras que amamos en silencio y se alejan para perderse en la noche.
Puedo jurare por la llama que sostiene mi aliento que no he probado gozo alguno que no lleve tu nombre en secreto.
Aunque te alejaste y escribiste el decreto de tu partida, mi amor no obedeció a esa orden, no soy farsante ni sombra doble: no he mentido, no he engañado, no he vendido mi verdad por consuelo, tampoco sé decir que odio amarte.
¿Cómo odiar lo que me dio forma? Odio, quizá, la mañana que me obliga a pasar frente a tu casa como quien cruza un santuario cerrado, siempre recuerdo tus llegadas y tus ausencias, las imágenes quietas que guardan tus ojos, DTB.

martes, 30 de diciembre de 2025

Tú, Silencio.

Amo en el territorio invisible donde el deseo arde sin nombre, y te amo incluso ahora que tu voz se vuelve bruma y tus palabras son aves que no regresan; el “te amo” ya no desciende de tus labios y comprendo, con una lucidez que duele, que si yo no te nombro el silencio se alza como única respuesta. Te observo alejarte mientras señalas mis acciones como causa, como si el amor pudiera medirse en faltas, y aun así permanezco fiel a esta llama que no pide absolución ni consuelo, porque existen afectos que no suplican reciprocidad: arden porque han sido encendidos. Y así entiendo, en este instante eterno, que hay amores que no mueren por la herida ni por el reproche, sino que continúan vivos en quien ama, como un ángel que vigila la sombra, consciente de que el otro se va sin ruido mientras el sentimiento, intacto y terrible, sigue respirando, aquí sigo, esperando tu voz. 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Accidente

Sé que puedo. Aunque el dolor a veces me doble y me obligue a respirar hondo para no caer, también me muestra secretos que antes no veía. El dolor no es mi amigo: es mi némesis, la sombra que intenta oscurecer mi espíritu, pero también el contraste que me recuerda de qué material estoy hecho. Lucho contra él con la furia tranquila de quien sabe que cada día es una oportunidad para renacer un poco más.

He aprendido que la esperanza no siempre llega luminosa; a veces es apenas una brasa en medio de la noche, pero basta con una chispa para encender un mundo entero. Mi camino, aunque hoy se vea oscuro, nublado y lleno de obstáculos, también está sembrado de posibilidades. Cada tropiezo es un susurro del destino que me dice que aún tengo algo que conquistar. Y aunque mis pasos duelan, mi voluntad no tiembla.

Ese maldito accidente no será el final de mi historia. No me va a vencer. No voy a permitir que su sombra defina quién soy. Al contrario: será el origen de mi fuerza, la marca en mi piel que algún día miraré con gratitud porque me obligó a despertar. Blake decía que “lo que hoy se prueba, mañana será tu fuerza”, y en esas palabras encuentro un hogar. No fui derrotado: fui reescrito.

Volveré a caminar. Volveré a correr. Volveré a bailar no solo con mis pies, sino con el alma completa, como quien ha vuelto de la tormenta con un corazón más claro y una voluntad más pura. Cada paso que dé será un acto de rebelión contra el destino que intentó quebrarme y no lo logró.

Regresaré más fuerte, no por ausencia de heridas, sino porque aprendí a honrarlas. Y seguiré adelante, porque he entendido que incluso la noche más cerrada no puede apagar la luz interior de quien se niega a rendirse. La vida me dio una segunda oportunidad, y juro que no la caminaré a medias.

Hoy soy prueba de que incluso desde las cenizas se puede levantar un espíritu que no renuncia. Y mañana, cuando mire atrás, sabré que este dolor no fue un castigo, sino el fuego donde se templó mi nueva versión.

viernes, 10 de octubre de 2025

Las últimas palabras que no pude decirle a mi madre.

Dicen que el alma sabe cuándo es el final, aunque el cuerpo se aferre al aire como si fuera promesa.
Yo no estaba allí cuando el tiempo decidió cerrarle los ojos a mi madre.
No escuché el suspiro que se escapó entre sus labios dormidos, ni la tibieza que se desvaneció de sus manos.
Pero a veces, en el silencio que sigue a los días más largos, la escucho…
como si el mundo entero contuviera la respiración para dejarme hablarle una última vez.

“Madre…” —le diría—
“No sé si me escuchas desde donde estás,
si el eco de mis culpas te alcanza,
si mis ausencias pesaron más que mis abrazos.
Pero quiero que sepas que todo lo bueno en mí nació de tus ojos,
de esa manera en que mirabas el mundo como si incluso el dolor tuviera una razón sagrada.”

Quisiera decirle que nunca dejé de pensar en ella,
que el amor no se disuelve con la distancia ni con los años,
que hay algo de su voz en cada palabra que pronuncio,
algo de su ternura en la forma en que miro a mi hija,
algo de su fuerza en la manera en que sigo respirando.

“Perdóname por no haber estado, mamá.
Por no sostener tu mano cuando el mundo se te iba apagando.
Pero juro que te hablé, aun sin verte,
y que te sigo hablando ahora,
porque hay conversaciones que no necesitan cuerpos,
solo amor… y la eternidad.”

Y entonces la imagino sonriendo,
como cuando yo era niño y me caía,
y su mirada me levantaba antes que sus manos.

Tal vez ese fue su último gesto,
un perdón silencioso,
una caricia invisible.
Y desde entonces, cada vez que miro al cielo,
siento que aún me escucha,
como si la muerte fuera solo un idioma nuevo
en el que seguimos diciéndonos “te amo”.